Siempre decimos que los espacios cuentan historias, y a veces, estas historias se cruzan con las de grandes artistas. Así ocurrió con Begoña Castro, que convirtió Gran Vía Venue en el escenario perfecto para un encuentro entre culturas, memoria y emoción.
Begoña Castro en Grupo Innedito

Desde los 17 años, Begoña Castro ha dedicado su vida al flamenco. Aunque su formación comenzó en el conservatorio, donde estudió danza española, ballet y danza clásica, fue el flamenco el que le ofreció una voz propia, una forma de entender el mundo.
Apenas unos años después de iniciar su carrera profesional, una inesperada oportunidad la llevó a Japón. Pasó casi un año allí, y aunque la experiencia resultó ser un gran choque cultural, dejó una huella duradera en ella.
“Mi trayectoria siempre ha ido en paralelo con Japón”, confiesa. “Con el tiempo me enamoré de su forma de entender la vida, del silencio, de la disciplina y del respeto por la tradición. Y descubrí que ellos, a su manera, sienten el flamenco con una devoción mágica”.
La conexión entre Japón y el flamenco se materializó cuando conoció la danza butoh, una disciplina japonesa que explora lo esencial del movimiento y la expresión del alma. “Lo que me atrajo del flamenco es lo mismo que me fascinó del butoh: la verdad del cuerpo”.

Durante más de 20 años, Begoña ha trabajado entre ambas tradiciones. De este diálogo nace “Tres haikus para Lorca”. Un proyecto que entrelaza danza, poesía y música.
Su vínculo con Federico García Lorca es más que simbólico. El poeta granadino ha acompañado su proceso creativo como una presencia constante. “Traer a Lorca de nuevo a la vida, aunque sea un instante, es mi manera de rendirle homenaje”.

Para Begoña, Gran Vía Venue no ha sido solo el lugar donde presentar su obra, sino un auténtico mundo de creación. “Este espacio lo tiene todo. Es como trabajar en mi casa, es un lugar con magia”. Además, ubicado en pleno Gran Vía, hace que tenga una energía especial.
Durante el proceso creativo, Begoña descubrió algo sorprendente: Lorca frecuentaba este edificio. “Cuando me enteré, sentí que todo cobraba sentido. Lorca forma parte de la historia de este lugar, y ahora, de alguna manera, también del espectáculo”.
Su conexión con Nacho Tébar, CEO de Grupo Innedito, también fue clave para materializar el proyecto. “Desde el principio me sentí escuchada, apoyada. Es importante encontrar personas que comprendan lo que uno quiere contar”.

“La danza me lo ha enseñado todo”, afirma. “Primero lo bailo y luego lo entiendo”. Para Begoña, el cuerpo guarda una memoria más leal que la mente: “El cuerpo sabe cosas que la mente todavía no ha comprendido”.
Su forma de trabajar parte siempre de la emoción. En sus palabras: “El flamenco me ha dado muchísimo, porque es familia, es duelo, es celebración, es raíz. En la danza, la vida es ahora. Empieza y acaba. No hay más”.
El evento en Gran Vía Venue fue, en palabras de la artista, “un éxito absoluto”. El público se sintió cautivado desde el primer instante: “Nada más entrar, la gente se sorprendía. Estuvieron en escucha todo el rato”, recuerda.
Uno de los talleres puso en manifiesto la importancia de elementos que facilitaron la conexión sensorial y emocional con la danza. “El espacio invita a quedarse, a participar. Aquí se puede dar una conferencia y, un minuto después, bailar descalza. Eso es muy valioso”.

Hoy, Begoña Castro continúa impulsando su propuesta artística a través de “Tres haikus para Lorca”, un espectáculo donde flamenco y cultura japonesa dialogan en un enfoque tan contemporáneo como arraigo a la tradición.
Para Grupo Innedito, experiencias como esta confirman el propósito que guía nuestra labor: crear espacios donde la cultura viva, se exprese y evolucione. Queremos agradecer especialmente a Begoña Castro y a su marido Manuel, por concedernos esta entrevista y por hacer que nuestro espacio forme parte de un proyecto tan inspirador.
Colaborar con personas que impulsan la creatividad y arte con tanta pasión da aún más sentido a lo que hacemos. Les deseamos que esta nueva obra brille con toda la fuerza de su talento, y os animamos a descubrirla y dejar que os envuelva su creatividad.
Y es que cuando el arte, el espacio y la emoción se alinean, el resultado no es solo un espectáculo: es una experiencia que permanece.









